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martes, 3 de febrero de 2009

Cap. 6 DPSC - Que se llama ¿soledad?...

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5





No me apetecía continuar así.

Corte con ella porque era muy celosa y posesiva. Una puta neurótica.

Se que la vida siempre nos reserva sorpresas, por ello nunca podría descartar llegar a enamorarme si encontrase una tía que me llenase en todos los sentidos.

Pero esto parecía un juego de críos y andaba ya bastante estresado de las mujeres.

Cerré la verja de un portazo.

Al entrar llamé a la grúa para recoger el puto coche. Nunca había hecho este tipo de cosas así que les dije que lo trajeran a casa y ya me encargaría yo.



Cuando colgué llamé a mi padre para ver que día podía pasarse a echarme una mano. Era extraño pero hay cosas que sólo saben hacer los padres.

Como arreglar objetos.

Siempre pensé que todas esas habilidades se las enseñaron en la guerra, la mili o algo similar. Si no sabías reparar un grifo o montar un dormitorio. Estabas muerto.

Mis padres estaban viviendo en un piso muy céntrico por Alicante. Se lo habían comprado al vender los terrenos que tenía esta casa en los alrededores.

Jubilados con tiempo libre, se dedicaban a viajar siempre que podían. Me daba un poco de vergüenza que hubieran visto más mundo que yo.

Decía Bukowski "Que no te engañen chico, la vida comienza a los sesenta". Que razón llevaba ese bendito alcohólico.


- Papá?

- Si? quien es?.- Era irónico que aún siendo hijo único, preguntara lo mismo todas las santas veces.

- Soy Alex.

- Coño! Que tal estás cariño?.- Si, también me sonaba raro, pero era el único que parecía no darse cuenta. Mi madre ya le había advertido en varias ocasiones. Pero era inútil. Incluso delante de mis amigos lo hizo constantemente hasta bien pasada la pubertad.

- Bien, oye, ¿Cómo te viene esta semana echarme una mano con el coche?

- Puff Fatal, tu madre tiene fiebre y todavía tenemos que hacer el equipaje para irnos el martes.

- ¿A donde?

- ¡¡A Italia piccolino!!.- Dijo alargando las tónicas. Como si un idioma consistiera en eso.

- Joder viejo, no os cortáis un pelo... bueno, ya me las arreglaré. Ponme con ella.

- Ahora está durmiendo. Luego te llamará.

- Venga. Un beso.

Fuí a la cocina y pillé un nestea. Lo llevé al salón y luego conecté el portatil sobre la mesita.

Ciento noventa mensajes... bien. Con suerte cien serían de publicidad ochenta y cinco de cosas "graciosas" y alguno que valiese la pena.

Estuve borrando exactamente ciento ochenta mails.
Al final por inercia lo hacía de diez en diez.

El gato se subió al teclado reclamando un poco de atención.

- Whisky!!.- Le di un grito y se bajó rápidamente para tumbase a mi lado. No podría cabrearme con él. Y lo sabía.

Lo que quedaba eran gilipolleces básicamente hechas para confundir:


Asunto: Yeeeh Alex, no te pierdas esto tio!!!

Tardé en leer los cuatro mails importantes lo que la grúa tardó en llamar a mi puerta.

Había un mail de Noelia, hacía tiempo que no la veía desde que nos enrollamos a principio de curso.

Eyyy guapo, como te va! Te invito al Tuenti que estamos toda la clase!!...


¿Qué coño?... Tres Años en la misma clase y sólo me envíaba mierda? Cuando lo iba a borrar volvió a sonar el timbre insistentemente y cerré el portátil.

- Buenas...- Le dije al "gruero" que tenia cara un poco de asco por esperar. O tal vez la tenía ya así. Es igual.

Era un hombre de unos 45 años. Bajito y gordo. Se le veía una perfecta e inmaculada circunferencia acapilar brillante debido al sudor del mono de trabajo azul.

Pero todo el pelo que le faltaba lo tenía probablemente en la barba y los brazos, espeso como bello púbico.

Con las mangas remangadas y un diente oscuro que era imposible dejar de mirar, daba
más el aspecto de un Santa Claus de la muerte. Solo le faltaba el puro en la boca mientras atizaba a los elfos con un látigo. "Putas ratas... Más rápido!!"

Era trágico-cómico.


Este es un retrato robot que no se parece mucho. Pero no tenía fotos suyas como podéis imaginar!

Imagen para el recuerdo: él con un pijama de franela y ella con los rulos y la cara embadurnada de una crema de origen desconocido.
Consecuencia: él se tira a la secretaría y ella a su podólogo.



- ¿Donde se lo dejo?

- Pues, déjelo ahí, si no le importa.- Dije señalando la entrada de mi casa.


Lanzó un gruñido y se subió al camión. En tres movimientos dejó coche en el suelo.

Firmé un papel y se marchó probablemente a comer niños. El trabajo le daba hambre.

Era domingo y el lunes tenía clase por la mañana y curro al medio día. Tal vez no me levantaría, aunque hacía tiempo que no me pasaba y tenía que ponerme al día.

Volví al portatil y me conecté al msn.

No solía usar el mensenger. Lo veía un chupavida. Una época estuve enganchado hasta el extremo de oír a mi madre decir:

- Hijo, ¿No has quedado con ningún amigo para salir?... Es jueves.

- Ñññññggggg... (baba zombie balanceandose sobre el teclado)

Llegando a la conclusión de que perdía demasiado tiempo en conversaciones absurdas, con gente que no me aporta nada o con pibas que al final no me las iba a follar.

Al instante sonó la ventanita, sacándome de mis pubertales recuerdos...

- Huola!! Cuanto tiempooo.

Era Marina. Una tia que había conocido una noche de fiesta en mi etapa de zombie a persona. Antes de conocer a Princesa.

Era gogó de discoteca y estuve toda la noche hablando con ella mientras mis colegas ya estaban casi follando en medio de la pista con alguna extranjera borracha. Bueno, creo que hablaba ella.

Era mona, pero tenía una nariz un poco grande y estaba demasiado flaca.

Habíamos conversado unas pocas veces por el mesenger, pero sin llegar a intimar.

De verdad, es que me mola oler a la gente con la que hago guarradas y esas cosas.

Tenía tres años menos que yo. No recordaba cuando la agregué.

Tenía muchos agregados en el mesenger. Mujeres menos.

Y de los pocos amigos que tenía, sólo hablaba con siete. El resto me importaban una mierda.

Seamos realistas, esto es internet, por cada persona con cerebro que hay, se pueden encontrar diez descerebrados.

No me apetecía hablar con ella, así que esperé que se cansara. Pero empezó a mandar zubidos.

Y yo que paso de la peña que se expresa con zumbidos, la bloqueé un rato.

Vi a Migelillo conectado, pero no estaba seguro de que estuviese ya que él siempre estaba conectado. Era el ojo que todo lo ve de la red.

- Buenas!

(Al rato...)

- Yeeeeah ¿Q pasa fucker?!!
- Jeh..
- ¿Has ido ya a por tu coche?
- Si, escucha, tengo que ir a comprar las ruedas ¿te importaría recogerme?
- Klaro, podms ir mañana si keres LOL
- Chungo, tengo clase y curro. ¿El martes como te va?
- Yo es que el jueves tengo un examen superchungo y he quedado para estudiar todo el día tio.
- Bueno, ¿Cuando puedes?
- El Vierns ya estaré freeeeee
- Venga. Bueno, nos vemos el viernes.
- Claro y luego podemos ir de fieshhhhtaaaaaa
- Ya se verá. Chao.

Cuando cerré su ventana apareció la ventana de Marina bloqueada. No me había fijado en la foto.

Y si era ella realmente acababa de bloquear a un pibón que en nada se le parecía con el nick mas chancli y alternado en mayúsculas-minúsculas de todo mi msn.

- Hola, cómo te va?.- Le escribí al rato.
- Eeeeeiiiiiii!! wapooo q tal cuanto tiempoooo blablablabla.- Vaya, que efusiva, pensé.
- Pues ahora mismo un poco muerto de aburrimiento
- A sí??? Pues yo estoy que mueeero de calooor blablabla.-
- Pues vamos a la playa!

Lo dije sin pensar. De hecho no me apetecía nada quedar con ella. Esto es lo que no me gustaba de mi. Que con las tías me pasaba igual que con el ajedrez.

Te sientas frente a un tablero y repentinamente tu corazón brinca. Tu mano tiembla al tomar una pieza y moverla.

Pero lo que el ajedrez te enseña es que tú debes permanecer ahí con calma y pensar si realmente es una buena idea o si hay otras ideas mejores. Y
yo jugaba a los bolos con las piezas.

Esta vez no tenía nada que perder.



- jajajaja Weno va!


Jaque. Decidimos quedar.

Le dije que aparcara en mi casa. Le di la dirección.

Esperaba que no hablara igual de mal que por el msn. No lo dije antes, pero no soporto a la gente que escribe mal en modo "sms" y utiliza miles de iconos.


Serían cerca de las cinco y media de la tarde. El sol estaba bajando, mas tranquilo, y por ende, el riesgo de cáncer había disminuido. A finales de agosto el clima era perfecto para salir a tomar algo por la tarde.

Cuando llegó en su mercedes monoplaza gris aparcó delante de mi pobre Getz y cuando bajó del coche fui consciente de algo que valga la redundancia, había pasado por alto.

La Marina que yo conocía ahora era una pelirroja espectacular. Con un buen físico que embutía en un top de tirantes verde y la minifalda vaquera más corta que había encontrado. Supuse que el bañador lo llevaba debajo a presión..



Parecía que se había operado la nariz y... no se, algo más.

Peeeero... medía un metro ochenta.

Vale, yo no me consideraba bajito con mi metro setenta y cinco. Ni siquiera guapo. Yo era de los "monos".

Llevaba un tiempo pensando como me gustaría que fuera mi novia y llegué a la conclusión de que hay un requisito fundamental, mucho más importante que la coma bien o sepa poner la lavadora:

No podía ir por la calle con una tía a la que me daba vergüenza coger de la mano.

Es una "regla no-escrita" que intentaba no saltarme a la torera para que no afectara a mi autoestima.

Nada de altas. Nada de tías que pesaran más que yo. Nada de tias con las que me diera vergüenza salir a la calle.

¿Exigente?

Bah. Hipocrítas de mierda.

¿Qué sentido tendría no ser exigente? Mirad a vuestro alrededor y pensad cuanta gente hay en el mundo.

Estamos rodeados de una masa informe de proporciones colosales.

Vivimos inmersos en un mar de gente que algún dios parece haber vomitado tras una noche de resaca.

Si no fuésemos un poco selectivos, la marea nos arrastraría a esa orilla pesitlente en la que las vidas se pudren.

Cuando una persona dice que le da igual que la critiquen puedes estar seguro que miente.

Somos animales sociales, va en nuestra naturaleza buscar el reconocimiento del grupo. Todo el mundo prefiere ser aplaudido a ser silbado.

La cuestión no es si la crítica te duele o no, sino si vas a dejarte influenciar por el rechazo.


Yo prefería pensar que la vida es demasiado corta como para estar bailando siempre con la más gorda.


Esto no quiere decir que sólo me fijo en el físico, no es así. Yo he besado a pibas que sus padres entregarían en adopción
por que simplemente me sentía cómodo o me interesaba a otro nivel mas intelectual.

No era el caso con Marina ya que de haber medido un palmo menos y no sentirme tan derrotado por la vida, podría haber invitado a entrar, tomar algo y luego, quien sabe.

Seamos sinceros, si una tía como esa queda con un tipo. No es para ir a tumbarse a la playa precisamente teniendo una cola de amantes esperando.

Al menos es lo que pensaba mi sucia mente... Caca.


Cerró la capota del monoplaza y vino a darme dos besos.

Escondía sus preciosos ojos verdes detrás de unas enormes gafas D&G (auténticas) que se puso en la cabeza.

Estaba muy mona.

A estas alturas podría estar casada con un rico empresario, un representante farmaceutico, o un viejo millonario vicioso en su lecho de muerte.


Nos dimos dos besos y caminamos el breve paseo de diez minutos hasta la orilla hablando del tiempo que hacía que no nos veíamos. Bueno, hablaba ella.

Que si "blablabla" esto, que si "blablabla" lo otro...

Marina hablaba mucho, muchísimo. Pero de cosas triviales. En el fondo tenía menos repertorio de los Europe.


Nos tumbamos en las toallas. Siguió hablando. Yo hacia como que escuchaba, asintiendo de vez en cuando con una sonrisa.

Pensaba como le habría ido el viaje a Libertad.

Habría tenido algún problema? Pensaría en mi? Era tan fácil decirle a alguien que le quieres y luego separte de él medio planeta? Porqué esta tia no se callaba??

- ¿Tonces me haces el favor?

Se quitó la poca ropa que llevaba dejando a relucir un piercing en el ombligo. Y un tatuaje de una mariposa negra volando por el lateral de su tripa.

Se tumbó boca abajo y se desabrochó el bikini.

- Es el de coco, estará por el fondo.

Salíendo del shock me encontré con esa escena.

- Vaaa que me quemo entera! jajaja Blablabla...

- Ah!... crema...- Dije con voz de subnormal.


Como ya dije en una ocasión los hombres no tenemos sangre suficiente para que nos funcione el cerebro y la polla al mismo tiempo.

Miré en el inmenso bolso, con más temor por caerme dentro y perderme en un universo paralelo que por lo que podría encontrar.

Unos tacones, la ropa que había traído, lapiz de ojos, barra de labios, un secador (¿?¿? yo también me hice la misma pregunta), dos carteras, el iphone, un libro de Jean Austen (Orgullo y prejuicio) prácticamente nuevo, llaves, cacao para los labios... Estaba a punto de desistir cuando por fin... Aquí está!

Saqué el tarro de crema y lo alcé victorioso. Por suerte nadie me vió.

Me puse encima. Calenté ligeramente la crema entre mis manos y empecé a extenderla. Mirando como el mar en calma borraba las huellas de los pocos turistas que aún quedaban paseando por la orilla y un corredor con un perro que le seguía.

Uno de esos San bernardos gigantes, como el tal Beetoben.

No me gustaban los perros y no imaginaba como alguien podía soportarlos. En especial a ese. Había visto la película.

El bicho de mierda era muy desordenado, baboso y que comía como lepra.


Al fondo un par de chavales intentaban sin mucho éxito subirse en sus tablas. Era normal. El cielo estaba totalmente despejado después de amanecer con bruma.

Las olas eran pequeñas.


- Hmmm que gusto.- Dijo Marina sacándome de mi trance.

Era raro que no hubiera hablado.

Había aprendido a defenderme con los masajes gracias a un par de amigas de la uni que estudiaban fisioterapia y practicaban en mi.

Aunque según ellas me gustaba que "me rompieran el cuello" la verdad es que que prefería un poco de fuerza a la hora de sentir el masaje. Era agradable.

Tuve que contenerme para limitar el masaje a la espalda y los hombros. Pero era tan tentador no descubrir partes nuevas de su cuerpo. Así que intenté pensar en otra cosa.

Mi coche.

¿Cuanto costaban unas ruedas? ¿Cómo me las arreglaría para ir a clase y luego al curro? ¿Por que no inventaban ya el teletransporte?

Sin darme cuenta empecé a bajar cada vez un poco mas por sus laterales...


- AAAHIIIIIII!!.- dijo, y se revolvió en el sitio.

Traté de disimular mi asombro cuando se giró y con media sonrisa pícara dijo:

- Que me haces cosquiiillas!!

- Si te sigues moviendo.- Tuve que improvisar alguna chorrada.-... si que te haré cosquillas hasta que no puedas más.- Dije infantil y amenazadoramente.

- Nooo por favoooor jajaja.- Dijo ella, aunque sonaba a un "Si por favor" opté por hacerme el sueco y seguir al tema.

Pensándolo mejor, me apetecía un masaje.

- Mar, te toca.

- Joo ¿Ya?

- Si lo haces bien, ya veremos luego.- Le comenté. Y le hice un guiño.

- Vale.- Dijo, y se dio totalmente la vuelta mostrando que no tenía nada que esconder.

- Jo-der ¿Son de verdad?.- Pensé en voz alta.

- Jejeje Pues no, pero... ¿A que no estan nada mal?.- Dijo cogiendose un pecho y mirándoselo.

- Te habrán costado una pasta.

- Nah... Las pagó mi exnovio. Blablabla....-Y las agitó como balones.

- ¿Qué es de tí, estás con alguien ahora?.- Dije, aunque en realidad pensé "pobre idiota, le ha pagado las tetas a otro"

- Tengo "amistades varias". Blablabla... Me va bien.Blablabla- Sonrió y dudé de si los labios también eran de plástico.

- Me alegro por ti. Se te ve muy bien.

- Aaaaah! Que mooono....- Soltó mientras se acercaba a pellizcarme la cara.- Túmbate.

Lo hice. Cerré los ojos.

Noté como se subía encima y posaba los glúteos, antaño casi inexistentes, ahora dos compactos cojines. Pienso que el culo es como la cara del alma del sexo.

Sólo hace falta trabajarlo para obtener buenos resultados
.

Extendió la fría crema con poco tacto, de veras era una sensación desagradable en contraste con el calor que había absorbido mi espalda.


Dios, era un imbécil. Acaban de dejarme. Mi ex me perseguía. Y estaba en la playa con un zorrón. La vida a veces guardaba algunas cartas que no entendía.

Por Zeus!! que mal lo hacía. Me clavaba sus uñarras, no seguía las líneas de los músculos, .

- Que tal voy?

- Bi..bien....- Dije aprentando los puños.

- jijiji Blablabla.- Siguió hablando.

Recuerdo este verano, cuando me entrenaba para las travesías a nado, que siempre acababa con la espalda "rota".

Un día paseaban una pareja de chinas vendiendo algo, cd's pirata o fantas, no presté atención.

Iban cada una por un lado. Jovencillas, de unos diecinueve o veinte. La bella y la bestia.

Cuando se acercó la menos guapa me ofreció una tabla con tarifas sobre... masajes!

Le dije que no, que otro día.

Cuando se alejó ya venía la otra. Casualmente me apetecía más.

Le di 15 euros por media hora. La gente de alrededor miraba extrañada. Como si fuera prostituta. Ignorantes.


A estas alturas Mar ya había terminado de torturarme, tumbada en mi toalla boca abajo, me miraba.

- Gracias.- Dije falsamente.

- De nada tonto! ¿Oye, nos vamos al agua?

- Pues la verdad es que estoy superagusto aquí

- Ya vees, es que se está to bien en la playica blablablablablablablabla

- ¿Sabes?... Ya me apetece más.


La cogí de una mano para levantarla y me sonó el movil.

Un mensaje de Alba, mi jefa encargada del Decatlón.
Odio a las encargadas. Les pagan 100 euros más al mes y se creen algo.

Había cambiado mi horario y en lugar del martes, haría un turno doble mañana en la tienda. A veces hacía cosas como esa. Yo siempre dudaba de la legalidad.

En el fondo estaba amargada por que los hombres la utilizaban y lo pagaba conmigo. Teníamos una oscura tensión sexual que se remontaba a la primera cena hacía 3 años.

Ella iba muy borracha, y yo simplemente sabía lo que no quería. Se puso agresiva y me dió un puñetazo.

Todos lo vieron, y tal vez por eso no me ha despedido aún. Trabajar con ella era como tener una diana tatuada en el culo en una sauna gay. Dangerous.

Cerré el cacharro de móvil, y alcancé a Mar por el camino.
La vida, de alguna forma, quería que sonriese a cualquier coste.

Incluso poniéndome a una chica así delante sin tener la más mínima perversión, que pasar una tarde acompañado.

Las olas eran una sinfonía constante. Sus tetas eran dos bombos que marcaban el ritmo de cada paso. Mis pupilas un partido de tenis.La vida creía que no era feliz. Pero yo tenía un don: era imbécil, y los imbéciles ya éramos felices.

Estaba intentando de dejar de serlo rápidamente. Por lo que pudiera suponer vivir engañado eternamente (más que de costumbre en esta sociedad). Yo era de los que preferían no vivir en Matrix y hacía tiempo que dejé de tomar la pastillita azul.

Pero, como decía Mark Twain, nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño. En ese momento era tan imbécil que no podía aceptar que no todo depende de uno mismo, y que algunas veces es necesario preguntar cosas como:

"Todo bien?"

"Te gusta como estamos ahora?"

"Eres feliz?"

Si los imbéciles entendieran lo dañino que son para la sociedad, ellos mismos se autoexiliarían y constituirían un mundo paralelo, el mundo de los imbéciles.

O, al menos, se colocarían un cartel que dijera: “Yo soy imbécil, aléjense de mi”

Por alguna razón Dios era conmigo un hijo puta inoportuno.

Pasamos la tarde bañándonos y terminando de absorber los últimos rayos de sol.

Ella habló todo el tiempo, yo rellenaba espacios con un "ahá" un "ya ves" o simplemente repitiendo lo último que había dicho en forma de pregunta.

Era fácil tenerla contenta.

Al volver a casa, se iba a subir al coche cuando le comenté que si quería podía ducharse antes en mi casa, que no había ningún problema. Pero en lugar de eso me dijo:

- ¿Qué haces esta noche

(continuará)


"A Dios le gusta observar, es un bromista: dota al hombre de instintos, nos da esta extraordinaria virtud, y ¿qué hace luego? Los utiliza para pasárselo en grande, para reírse de nosotros, para ver como quebrantamos las reglas. Él dispone las reglas y el tablero y es un auténtico tramposo: “mira, pero no toques”; “toca, pero no pruebes”; “prueba, pero no saborees”. Y mientras nos lleva como marionetas de un lado a otro, ¿qué hace él? Se descojona, ¡se parte el culo de risa!"
(De la peli Pactar con el Diablo)

viernes, 25 de julio de 2008

De princesas sin corona - Te vas pensando en volver... (cap. 5)

Bueno, ha tardado por motivos veraniegos, pero al fin os he podido terminar otro capítulo que muchos me habían pedido (no hacía falta lanzar piedras a mi casa con notas atadas, put@s psikópatas! )

P.D: Marta, me debes una birra ¬¬' me tienes aquí explotado como una persona de color en los campos de algodón
de principios del SS XVII

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4






Seis de la tarde del sábado. Me duele el cerebro y con mi lengua de trapo se podrían pegar dos ladrillos fácilmente.

Las chicharras sonaban estridentemente en la calle a pleno rendimiento.

¿Por qué nunca nos acordamos de lo mal que se pasa al día siguiente de una buena noche?

Tal vez por eso lo sean, si no sería como salir sabiendo que al día siguiente tienes examen. Una putada.


Hace calor. Decido meterme en la ducha para quitarme la mierda del día anterior.

Pongo la minicadena de mi cuarto a saco para oírla desde allí. (Sonaba esto.)

Al no tener incineradora, echo la ropa a un cubo que tengo en el aseo destinado a tal fin, donde se mezclará con anteriores calcetines que parecen recién sacados de una guerra biológica

(Algunos, incluso conservan el calor).

Los de Hugo Boss deberían estudiar por que un calcetín puede durar semanas oliendo mal, y en cambio su colonia solo un día. Ahí está la clave.


Se abre el grifo y noto caer
el agua en mi cabeza. Cierro los ojos.

Siento como se filtra cada gota por el pelo,resbalándose
por la cara como una caricia, por cada párpado hasta besar mis labios, y suicidarse en la barbilla.
Dulce muerte.

Sentirla bajar por mi espalda dibujándola perfectamente hace que despierte cara poro de mi piel. Puedo oírla respirar.

Los grandes pintores no se inspiraban en musas. Lo hacían en el agua. (Como Bruce Lee. Que te pintaba una ostia en la cara si le tocabas mucho los nacasones)


La primera ducha. Acaba de empezar el día.

Me parece oír el timbre. Cierro el grifo.

Vuelven a tocar y miro por la ventana del aseo que da a la calle, pero sólo puedo ver un contorno borroso de lo que parecía una mujer.

"Valla por Ala", pensé.

¿La muy hija de puta había tenido en serio los cojones de venir a verme después de lo del coche? No sabía si llamar a la Policía, a los Geos o lanzarle el gato a la cara.

Sería gracioso verla agonizar entre estornudos y arañazos.

Que le jodan. Yo no era así. Y el gato no merecía ensuciarse con mierda.

Volvieron a tocar al timbre esta vez un poco más de tiempo. Respiré. Me até la toalla a la cintura y bajé a ver que coño le picaba ahora. No pensaba dejarla entrar.

Descolgué el telefonillo y le dije:

- Lo siento, no compramos biblias.- Colgué.

Volvió a tocar.

- Mire
ya le he dicho que en esta casa somos todos impíos, valla usted a la de enfrente si quiere, creo que allí necesitan salvar su alma. Sobre todo la del crío cabrón de catorce años que está como poseído por las tardes con la puta música.

- Pues estarás de suerte, supongo... - Conocía su voz. La había oído pronunciar mi nombre más de una noche y de una mañana, en la cama que hacía un rato acababa de abandonar.
- Si estás muy ocupado podemos hablar otro día o...

- No digas tonterías, se que si no hablamos ahora puede perfectamente pasar una vida hasta que volvamos a vernos.

- ... ¿Y quieres eso?


No contesté. Pulsé el botón de la escalera de la entrada y dejé abierta la de casa.

Al menos en casa me sentía más seguro, controlando el medio. Mis pasos no serían torpes porque sabía exactamente dónde dirigirme y qué hacer en cada momento.

La escuché entrar mientras iba hacía la cocina.


- Estoy haciendo un te.- Comente desde allí.- Puedes sentarte si quieres.


Al volver la encontré mirando unas fotos.

Libertad vestía un top y una minifalda ajustada negra, que le llegaba dos palmos por encima del muslo y realzaba sus piernas cual rascacielos.

Ayudaban unos tacones, negros también, de cuatro dedos de alto, que se abrazaban a sus tobillos como enredaderas.

A veces hago escalada, pero creo que no me atrevería a subir ahí. (8c+)

Nos sentamos cada uno en un sofá.


- ¿Que vas a una boda?.- Pregunté irónicamente.

- Que sepas que estoy muy decepcionada contigo.- Dijo Libertad tajante.


Bingo! se ve que era el día de recibir puñaladas de las tías con las que había estado. ¿Por que no enviarían antes una carta de aviso?


- Ya. ¿Y se puede saber porque?.- Pregunté.

- Lo sabes.

- Bueno, yo esperaba algo por tu parte desde aquella vez.

- Al menos podías haber continuado hablándome y dejando tu herido orgullo de macho a un lado. Creí que éramos amigos... no pienso que lo nuestro solo fuera sexo...


Danger! Pregunta con trampa nivel Pro. Esto era como desarmar una bomba tipo 'cable rojo - cable negro'. Un fallo y "Puuum! Se convirtieron en Chocapic".


- ...No contaba con que... olvidarte fuera tan difícil.- Dije, y sonreí por dentro pensando 'Uff, me libre'

- Es que te empeñaste en complicarlo...

No me apetecía discutir.

- Al grano, ¿Que es lo que quieres?

- ¿Tienes prisa?.- Me preguntó con tono desafiante.

- Si
.- Mentí haciéndome el desinteresado.


Me llevé el te a la boca mirando a la nada.

Cruzada de piernas y brazos, Lib arqueó una ceja para responder con alguna bordería, pero se le bajaron los humos y soltó un suspiro.

El suspiro de 'No me tiene que importar una mierda porque no estamos juntos'.


- Si te molesto o estoy brusca dímelo por favor.- Dijo más calmada.- Es que últimamente ando un poco estresada y uff... salto a la mínima.

Ahora resultará que también tenemos la culpa de que tengan la regla. Me di cuenta que habían dos maletas en la puerta. No eran mías.

- Valla, ¿y eso?.- Pregunté por si acaso.

- Pues justo de esto quería hablar contigo, señor 'Desaparecido'.- Dijo con tono burlón.


Ese comentario me habría tocado las weas de no ser porque me acababa de levantar, y aún no era persona.
Si al final resultó que lo dejamos por un malentendido y sólo tenía que haberle pedido un "perdón" para que cayese a mis pies... gritaría de rodillas con los brazos extendidos sin poder contenerme.

Aunque puede que me tomase por un chalado, alguien que en sus ratos libres coleccionaba uñas, o se las comía.

La miré a los ojos sin comprender.
Hubo un silencio. Mantuvimos la mirada unos segundos... Sonrió y se echó a reír.

Recordé la primera vez que le vi hacerlo.


- Tampoco hace falta que estés tan serio, sólo quería hablar y ver que tal te iba, ya que tu no me cuentas nada y por lo empanadillo que te veo.- Dijo mirando a mi toalla.- ...te acabas de levantar.


Le dije que esperara un momento mientras me ponía unos pantalones. Al bajar ella había puesto música.

http://frankybruster.blogspot.com/


"A mis cuarenta y diez", de Sabina. La primera canción de una remezcla que había hecho con su discografía (auténtica...¬¬')

Libertad me contó que le había salido una mejora de empleo en Alemania, y cansada de tratar con la misma gente casi seis años, la aceptó.

Hasta hace poco había pasado el verano allí estudiando alemán para trabajar en su nueva empresa. Ahora volvía para irse de nuevo.

Al parecer esta decisión llevaba mas de un año calculándola.


- ¿¿Y por eso no quisiste venirte a vivir conmigo??

- Se realista por favor, sabes que esto habría acabado en el momento que yo saliese por la frontera. De una forma u otra lo habría acabado haciendo.

- ... Puede que tengas razón, pero si lo que querías era
no acabar enamorándote ¿Por que estuvimos casi medio año viéndonos?

- Por que me gustabas, pero no quería hacerte daño.

- Ya...claro.

- ¡Ni sabes la de veces que estuve a punto de llamarte estos últimos meses!... a veces me sentía tan sola que... bueno, da igual... si quería un cambio en mi vida era lo mejor que podía hacer.

- ¿El que? ¿Anteponer tu trabajo a tu vida personal?

- Creo que no es justo. Tu llegaste después, y no sabías por lo que estaba pasando.

- Tampoco es que me contarás nada, así que tenlo en cuenta la próxima vez a la hora de romperle el corazón a alguien.

- No ha pasado mucho tiempo y... es como si te acabara de conocer.

- Algunas cosas nunca cambian.- Contesté mirándola fijamente.


Se terminó de beber el té, miró a otra parte mientras se comía las uñas de la mano derecha... luego de la izquierda... de repente comenzó a llorar.


- Oye, oye.- dije con un tono suave sentándome junto a ella y cogiendole las manos.


Me abrazó y siguió con la plorera. Creo que aprovechó para morderse las uñas detrás de mi cabeza.

Mi hombro parecía el cojín de la silla del gato por la parte de su boca, después de catorce horas durmiendo.

Terminó de respirar entrecortadamente y retomó el ritmo

Al fin pareció que se le había pasado un poco.


- Me he equivocado en todo...- Dijo.

- No es cierto, simplemente has elegido un camino en tu vida diferente al que llevabas ("a unos 3000 kilómetros, metro arriba metro abajo" decidí omitir)

- ¿Me querías, verdad?

- Nunca dejé de hacerlo, pero me dejaste bien claro cuales eran tus preferencias...

- Lo siento si te hice...

- Nada. No tienes que sentir nada porque ahora ya está todo hecho.- Le decía sin dejar de soltarle las manos para que no llegará al hueso.-Lib, empiezas una nueva vida, en un país nuevo. Nuevas costumbres, nuevo idioma e incluso al respirar, notarás que no es el mismo aire que respiras cada día al levantarte... Si vas a empezar otro camino no deberías llevarte contigo nada que te enganche al pasado.

- Creo que no soy tan valiente como piensas.

- No lo pienso. Se que lo eres. Además recuerda que somos amigos.- Dije, y le di un dulce beso en su húmeda mejilla.

Estábamos muy cerca.

- Creo que lo nuestro... ha sido más que una simple amistad.

Acercó sus labios hasta los míos para fundirlos en un suave roce muy emotivo.

El último beso.

Tan dulce como cruel, tan intenso que siempre te parece poco.

Tan profundo que prefieres que no halla un segundo en que vuestras bocas puedan siquiera tomar oxígeno, para recordar siempre ese maravilloso y a la vez amargo momento. El adiós.



Lo malo de los besos, es que crean adicción. Y esa fiera que había estado hivernando los últimos meses empezó a rugir, más, tuve que aplacarla en contra de mi voluntad.

Nos levantamos y me ayudó a recoger.

Pensaba llevarla en coche, luego recordé donde estaba aún y me apunté mentalmente llamar a la grúa,por lo que tuve que pedir un taxi que la llevaría al aeropuerto.

Mientras venía esperamos sentados en el portal. Como otras veces.

Para romper un poco el hielo empecé a hablar con ella de cosas vacuas.
Para mi ella nunca podría ser una amiga.
Era mucho, mucho más. Y yo un pringao que se quedaba solo.

-Así que te vas? Ehhh?.- Dije en tono sacástico.

- Si

- Mal... Me dejas aquí... al acecho de todas esas que cada día me tocan a la puerta para pedirme que les de la mitad de lo que te daba a ti...

- ¿Que? Dinero no será, así que no se me ocurre que cosa.- Dijo mientras volvía a asomar una sonrisa. A veces pensaba que esta hija de puta nació de pie por que tenía respuestas para todo.

- ¿Que llevas en las maletas?

- Puff mucha ropa que me había dejado aquí, zapatos, algunos libros... ropa interior.- Me dijo guiñándome un ojo.

Aunque no le di mucha importancia. La gran lección que la vida me ha enseñado es que todas las mujeres tenéis al menos un par de bragas que son la cosa menos lujuriosa del mundo.

El taxi llegó. Le ayudé a meter el equipaje en el maletero y en el momento de la despedida me asomó la duda. Creo que fue mutuo.

¿Beso o no?

En estos casos si la besas puede que la cagues y se llevé un mal "segundo último beso" que recordará siempre.

Si no la besas... te quedarás con las ganas siempre de no haberlo hecho.

Aparte de todo esto me estaban dando unas ganas terribles de hundirme y empezar a llorar sin saber porqué.

- Txs!... - Dije.

- ¿Qué pasa?

- Que ahora no se si escupirte en un ojo o llenarte de besos.

- ¿Por qué?

- Por dejarme aquí y porque eres genial.

- El amor, me escribiste una vez, que traspasaba fronteras.

- Ya... pero no hace lo mismo el sexo.- Dije de coña.

- Que imbécil jajaja. Intentaré venir cada mes.

- Pues habrá que aprovecharlo.- Dije y sonreí, aún sabiendo que no iba a volver a verla más, no podía dejar que la última imagen que se llevase de mi, fuera una lágrima cayendo por mi cara.


En lugar de un beso nos dimos un abrazo. Intenté no romperle una costilla de la emoción.

Soy capaz de relajarme en los momentos mas tensos pero me derrumba un soplido de soledad. Hay cosas que no he aprendido a controlar.

La vi meterse en un taxi y nos despedimos. Al alejarse sentí un vacío. Era en el pecho. Como si estuviera hueco de repente.




Se llevaba mi corazón en ese taxi, o más bien, me lo robaba a mano armada sin poder hacer nada.

No era culpa de nadie. Cada uno tiene unas metas en la vida. Estamos todos atrapados en un destino en que nadie encuentra jamás al otro.

Cerré tras de mi y me apoyé de espaldas en
la puerta.

Eché un vistazo al salón... nada. Ni un puto ruido. El gato dormía es una silla con la cabeza colgando.

Me agaché hasta sentarme en el suelo con los brazos envolviendo a las rodillas, imaginando que no eran rodillas. Que era ella.

Imaginando que no había dejado marchar a la persona con la que más había conectado en mi vida.

Imaginando que ella en realidad estaba enamorada de mi y volvería en ese momento... despertar abrazado a ella cada mañana...

Imaginando que no eran lágrimas si no sonrisas, miles de sonrisas saladas bajando por mis mejillas que en el suelo iban formando un pequeño charco de felicidad.


Eran las ocho y media de la noche del sábado. Demasiadas emociones en tan poco tiempo.

Me puse las deportivas y salí a correr para despejarme. Por el camino de vuelta me encontré esta curiosa pintada:



A la mierda, la vida era demasiado larga como pararse aquí.

Al llegar, le puse de comer al animal que por fin había despertado y ya exigía su ración. Lo miré comer un rato mientras me rascaba la marca que
me había dejado el calcetín.

¿Por qué, si rascarse la marca del calcetín da tanto gusto, no lo prohíbe el Estado, la iglesia no lo condena o los médicos no lo recomiendan?


Después de una ducha acabé dormido en el sofá con la tele puesta y el gato aplastándome el pecho.

Esa noche tuve sueños agobiantes de que me ahogaba con una ola haciendo surf o me enrollaba con la cuerda de escalada por el cuello... puto gato.

No. Puto amor.


Desperté a las 5 de la madrugada.

Tiré al gato de mi pecho y me quedé mirando la caja tonta. El menda se acostó en el otro sofá.

En la tele salía la repetición de un programa del corazón donde a los asistentes les pagaban por contar sus intimidades más infectas. Malditos vagos ¬¬'

Cambié de canal, pero era inútil.




Cuando no salia una curandera tocacojones lo hacía una "presentadora" sin el graduado escolar, anunciando un Gran Premio por enviar un sms por completar un crucigrama en plan: 'm_nzana', 'au_obús'...etc

No podía faltar el crecepoyas de teletienda.

Mezclar el insomnio con la teletienda es malo para la salud (mental), al menos la mía...

No, no puedo decir que sea un insomne, duermo bien, profundo y una cantidad razonable de horas al día.

No tengo ninguna enfermedad, ningún desarreglo vitamínico ni hormonal, ningún síntoma extraño (en fin, creo)

No es una actitud que me haya encontrado, yo la he buscado: Soy un puto noctambulo nato, que le vamos a hacer
.

Al trauma de levantarse a las siete todos los días para ir a clase, algo que hoy por hoy soy incapaz de concebir ni imaginar, se reveló un día de alerta por lluvia intensa.

El placer de despertarse (mas bien, ser despertado) y darse cuenta de la posibilidad de continuar indefinidamente en la cama.

Despertar para saber que se puede seguir durmiendo. Una autentica droga. A la que me he vuelto adicto.

Una de los mayores placeres que se conocen, los otros también los conocéis bien. (comer, cagar y por supuesto, follar; ¿lo duda alguien?)



Desayuné bien a base muesly y zumo
natural de naranja , los días que no tenía prisa me volvía más sano. Hasta cocinaba y todo.

Ya estaba harto de que todo lo que nos vendiesen tuviera azúcar. A los treinta todos los críos ciegos.

(Algunos a los catorce, pero por otros motivos ¬¬' )


Como era domingo y mi mente no estaba para estudiar, me dediqué a limpiar la casa.

Abrí el armario de la limpieza:

"Gel con lejía Don limpio".

Nunca entendí por que salía un menda con unos bíceps como melones.

A este fulano se le debieron poner así los brazos a base de frotar y frotar. ¿Por qué debería yo usar un producto limpiador que me exija gran ejercicio físico?

Señores publicitarios. Mi propuesta: 'Don Vago'
.


A las ocho de la mañana terminé. El gato despertó y exigió su comida, como de costumbre. No le hice caso. No quería un gato obeso.

Pillé la tabla y me bajé a la playa. Las mejores olas están siempre a la madrugada y al atardecer.




Hacía algo de brisa por lo que pude coger algunas, que en la costa alicantina, ya era mucho pedir.

Me gustaba esa sensación. El milagro del amanecer.

Si el mundo acabase mañana me gustaría pasarlo haciendo surf con mi chica y bebiendo champán de su ombligo al anochecer.

A lo lejos sonaban las campanadas de una iglesia.

Mire a mi alrededor. La arena, el mar, el horizonte. No había indeseables a la vista. Estaban en la iglesia perdiéndose todos los milagros.


Al volver a casa no me dio tiempo a cambiarme cuando sonó el timbre. Serían las doce:

- ¿Si?.- Pregunté emocionado. Esperando oír un 'me quedo' o un 'te quiero' o algo así...

- Soy yo, abre.- Dijo una voz estridente.

En lugar de abrir la puerta de las escalera de abajo, salí yo.

"Manda cojones" pensé. En la calle esperaba Princesa y su perrito faldero inflado a esteroídicos. O eso o se ponía las camisas rosas de su hermana pequeña.

- Hola, este es Christian un... amigo

- Ajám.- Dije indiferentemente.

Al cabo de un rato... sin hablar ninguno de los dos.

- Bueno ¿me vas a dejar subir o que?.- Dijo Princesa.

- No tengo intención.- Dije, y el perrito tuvo intención de ladrar pero a una mirada de princesa puso el rabo entre las piernas. Valga la redundancia.

- No esperaba que lo hicieras.- Contestó.- Escuchame, aquí tengo unos papeles del seguro donde me hacen responsable de lo de tus ruedas.

- Valla, que detalle.- Mentí.

- Peeero...

Siempre hay un "pero".

- ...tienes que responsabilizarte del trauma psicológico que me has causado y por el cual me darán la baja.

- ... ¿¿¿Whats???

- Mira, es un chanchullo que me ha facilitado un amigo psiquiatra de mi padre, tu dices que cuando estábamos juntos tenías ciertos vicios y yo a cambio me hago responsable de tus ruedas.


A través del enrejado la tipa me acercó un boli y una carpeta que sacó de su bolso previamente. En la carpeta había un taquito de folios grapados cuyo texto dejóme sendos esguinces en los párpados.

- ¡¿¿Que soy alcohólico crónico y tengo tendencia a volverme irascible??! ¡¿Esto que cojones es?! !!¿Extorsión?!!

Definitivamente se le había ido la pinza. Cuando apuntas con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te señalan a ti.

Esto es, amig@s: No hay acción sin su consecuencia.


- Es que, necesito unas 'vacaciones'.- Dijo alégremente.

- Claro, y que las mías estén a la sombra durante una temporadita, ¿no?

- No, sólo tienes que decir que es un problema que no puedes controlar. En el contrato no pone nada de maltratos físicos.

- Hombre, solo faltaría. En serio ¿no piensas que has ido demasiado lejos?

- Creo que eres tu el que tiene la opción de irse lejos en el momento que vuelvas a tener ruedas.

- No me fío. Paso.- Dije mientras le devolvía el manifiesto y volvía a casa.

- !!Nene!! Que firmes eso ya!.- Dijo la otra con rabia dándole una patada a la puerta de rejas.

El "perro" hizo amago de ladrar, pero con otra mirada de princesa se volvió a achantar y retrocedió un par de pasos.

En ese momento bajé, abrí la valla y me puse frente a la cara de la loca acosadora.

- ¿Qué?.- Dijo con tono de chula.

- ¿No sabes perder, no?.- Dije.- Dame eso.

Cogí los papeles y los rompí lentamente en pedacitos delante de ella, sin dejar de mirarla. Creo que le iba a dar un ataque de histeria por lo roja que se puso.


(Contínuará)




jueves, 26 de junio de 2008

De princesas sin corona... (continuación del 3, parte del 4)

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3





- Kaixo! ¿Perdona, nos conocemos? - Preguntó una tía que venía corriendo.


Era la cantante. Querría una explicación y tendría que contarle que en realidad no voy por ahí besando al aire a gente que no conozco.

Yo lo que quería era irme a mi casa.

- No se... es que con ropa y tal...

- Jaja ¿Que?.- Preguntó confusa.

- No nada.- Sonreí después de la cagada. Solo hay dos cosas que no me gusta de contar un chiste, no tener que reírme para que haga gracia y tener que explicarlo.

- Es que como he visto que me saludabas y hacemos tantos conciertos, pensé que te conocía de alguno, o algo...
- Dijo ella.


Para empezar creo que si los conciertos eran tan amenos como ese, no sería muy difícil aprender hasta la letra en el DNI de cada asistente.

Pero era la única chica aceptable con la que había hablado en toda la noche, así que se merecía una par de frases amables.


- ¿Lo del saludo? Buff es una larga historia...- Dije.- Bueno y ¿Soléis hacer muchos conciertos?.- Pregunté.

- Unos cuantos. Pero es la primera vez que actuamos por aquí.

- Am... ¿Y de donde sois?.

- De Bilbo.

- ¿¿De donde??

- De Bilbao.

- ¿Hablas en vasco?

- Hablo en euskera.- Dijo tajante con una sonrisa.

- Uff, yo es que de vasco... perdón, 'euskera' sólo conozco: taberna,
zulo, kale borroka y eta.

- No viajas mucho, ¿no?.

- Si me caes bien, puede que te haga una visita.


Se llamaba Haitzea, y al contrario de lo que acredita la leyenda popular sobre las vascas (o las portuguesas). No era la típica levantadora de piedras.

Tampoco una mujer uniceja o de pelo en pecho.

De aspecto delicado, Haitzea tendría uno o dos pares de años menos que yo.

Blanca de piel. Su pelo ondulado y algo despeinado, le daban un toque agresivo muy sensual.



Sus ojos parecían no tener fin. Mirada profunda.

Aunque era algo bajita, tenía buen escote. No me importó inclinarme para entenderla mejor.


- Bueno, ¿Tu eres de aquí, no?.- Me preguntó.

- Si pero oye que...

Antes de poder explicarle que me iba a despedir de un amigo por que ya me marchaba, añadió.

- .. ¿Podrías venir con nosotros y enseñarnos un poco la zona?.


Vale, eso era bueno, pero no quería arriesgarme a hacer de guía gratuito a gente que no conocía mientras hacía de aguanta velas.


- Y tu novio, ¿dónde está?


- Tu preguntas mucho, ¿no?


- Es que soy muy curioso para según que cosas...

- Claro... .- Sonrió.- Bien ¿Que me dices?

- Creo que una chica tan guapa como tu tiene que tener un novio, como mínimo.

- Que pavo. No era eso. Y aún no te he dicho si tengo novio.

- ... ¿Para que hacerme sufrir entonces?

- ¿Para que contarle algo a un desconocido que ni siquiera me saca de fiesta?

- Mejor te lo digo mañana en el desayuno, cuando haya más confianza.- Contesté.

Se descojonó.

- Buff yo es que hace mucho tiempo que no salgo, lo mismo no están los mismos sitios que conocía y... .

No pude volver a acabar mi excusa cuando respondió.

- !No pasa nada haivalaostiá
, vente y nos haces de guía vaa!.- Dijo Haitxea, y me lanzó un puñetazo en el hombro de lo más masculino.

-
Haitzea ¿Zer moduz? (¿Que tal?).- Preguntó el batería, que había salido a la calle preocupado.

- Epa , ondo. (Hola, bien)

- Kaixo! Ohhh zorionak
Haitzea ¿Quien es este txakurra piyuela?.- Preguntó la bajista que iba to ciega y acababa de aparecer también de la nada, como un personaje manga.

- Un fan que teníamos por aquí.- Dijo guiñándome un ojo.- Y nos va a enseñar un poco la zona.

- Bai, eskerrik asko. (Vale, gracias).- dijo el batera.- Pero si dejas de ligar un poco y ayudas a recoger iremos más rápido.

- Ups, Sentitzen dut. (Ups, Lo siento) .- Dijo Haitzea, que se había puesto roja.

- Oso polita zara!.- Dijo la bajista dirigiéndose a mi y soltó una risilla etílica que no debió sentarle nada bien al vasco, por la mirada de desagrado que me lanzó y por como se la llevaba de vuelta al local.


-
...¿Necesitáis ayuda?.- Pregunté para romper el hielo.

- Claro, ven.- Dijo
Haitzea.


Desmontamos el material y lo cargamos en la furgoneta.

A pesar de la sudada valió la pena ya que el dueño del bar nos puso la última copa gratis para hidratarnos antes de cerrar.

Al salir del bar los otros dos decidieron marcharse al hostal a "dormir", ya que mañana madrugaban para tocar en otra ciudad. Ella se quedó conmigo.


- Bueno, ¿me dirás ya si tienes novio o tengo que adivinarlo?

- Ah, no,no tengo.

(No os confiéis: que el enemigo no tenga artillería pesada no significa que la batalla esté ganada.)

Fuimos a un local hippie/underground donde había gente de mil raleas.


- Valla, este sigue vivo.- Comenté.- Especialidad en mojitos.

- Alaah mira que pelo .- Dijo Haitzea señalando a unos tipos en la puerta.- ¡Creí que era un sombrero!

- No. Es un emo.- Contesté.



- ¿Pero es maricón o algo o porque va vestido así?

- Yo que se, si quieres pregúntaselo. ¿No hay muchos emos por el norte, eh?.

- No sobrevivirían.


Entramos al estrecho local. Nos sentamos en la barra. Pedí un par de mojitos.


- ...Si ves que no es lo tuyo...

- ¿Qué?

- No, nada... que si quieres podemos pedir un calimotxo o un cóctel molotov...

- Ja-ja-ja .- Fingió sonreír mientras levantaba el puño a mi hombro y luego lo dejaba caer. ¿De donde sacaría la fuerza con lo pequeña que era?


Terminamos el mojito y empezamos otro. Así varias veces, no se, perdí la cuenta.

Salimos del local en dirección a ninguna parte. Donde nos llevara el viento.


Caminando por una de las calles vi por casualidad a Princesa con un tipo. Unos de esos ciclaos que tanto le gustaban.

De esos que cuando no les quedaba dinero para alcohol por que se lo habían gastado todo en Armani y estanozolol bebían Calvin Klein para no bajar el style.


Estaban entrando en un bar y un segundo antes se giró y nuestras miradas se encontraron.

Creo que le sonreí. Ella apartó la mirada y entró indiferente.

¿En que momento justo conseguí olvidarla?. No lo se.

Simplemente el amor que sentí por ella se cayó de mi corazón, al suelo. Alguien lo pisó.

Ahora es basura. Se ha mezclado con el polvo de las esquinas.


- ¿Qué te ocurre?.- Dijo Haitzea a mi lado.

- Nada, fantasmas del pasado.- Contesté.


Acabamos en la playa caminando descalzos por la orilla.

Nos sentamos en una cala al final de la playa. Era una noche clara. El cielo estaba muy limpio y la luna llena lo bañaba todo.

A lo lejos un grupo de hippies tocaba la guitarra y hacía malabares alrededor de una hoguera. Al son de las olas de Julio y tripis varios.



- Hace un poco de fresquito.- Dijo
Haitzea mientras se arrimaba a mi hombro haciéndose un ovillo.- tendría que haberme traído algo.

- ¿Una chapela?.- Pregunté.

- Uuuuh que ostia...


Me levanté y me puse detrás de ella, abrazándola. Apoyó su cabeza en mi pecho y se acomodó.

Los hombres no solemos decirlo, pero no es una postura cómoda si no tienes una pared detrás.

Es como el mito de dormir abrazados. Malo. Al final acabas con el brazo hecho un corcho por ser "cortés" y ella con tortícolis al día siguiente por dormirse siempre la primera.


- Me gusta el tatuaje de tu hombro.- Le dije al cabo de un rato.

- Es céltico, significa 'equilibrio'. Es algo que me falta en la vida.

- Entonces yo debería hacerme uno en la frente.- Dije.


Volvió a reposar el cap. Nuestras manos acabaron jugando a las caricias sin darnos cuenta. Cerré los ojos y sentí la brisa envolviendonos.

Caricias con un dedo, avanzando entre las fronteras de las líneas de su mano, subiendo por la muñeca, antebrazo y bajando otra vez... volviendo a subir hasta el hombro, cuello...

En la última caricia rocé sus labios muy despacio.

Se giró. Nos miramos. La besé.

Al rato se apartó y me dijo:

- Sabrás que después de hoy será muy difícil seguir con esto, a mi me encantaría conocerte más pero son muchas cosas que...

- Shh... .-Le tapé la boca con un dedo y con la otra mano acerqué su cara lentamente hasta unir nuestros labios... nuestras lenguas.


De princesas sin corona... Arena y alcohol (cap. 4)




Y con la luna como
(espero) único testigo nos arrancamos la ropa.

Tenía un cuerpo magnífico. Lo bañé de besos con sabor a sal. Nuestras bocas estaban tan juntas que sólo pudimos respirar por la nariz.

Amor de circunstancias hecho en una madriguera. Como si fuese el último día de todo. Soy consciente de que esto no puede durar eternamente.

Hicimos de la playa nuestra cama. De música de fondo el sonido las olas del mar.

Y como preservativo...

- !¿QUE?!.- Dijo
Haitzea .- ¡No me jodas! ¿Será una broma?

- !¿Y tu no llevas algo por el bolso?! Las tías lleváis de todo, mírate a ver.

- NO! Para eso confiaba que los tíos...

- Nunca...confíes en los hombres! ¿No te lo enseñó tu abuela?


Los hippies se habían marchado. Recorrimos las calles cogidos de la mano en busca de algún bar abierto, pero amanecía y ya quedaban pocos, y de esos ninguno con la puta maquinita de los condones.

Acabamos sentados en un portal sin saber que hacer.

- Escucha...
Me tengo que marchar ya - Dijo al fin. Seis palabras, seis puñetazos.

- Tranquila, tal vez el destino lo quiso así.- Contesté.


En realidad no me importaba mucho que se fuera, no estaba enamorado de ella, pero mi lado troglodita pedía sexo, sexo animal, salvaje.

En definitiva sexo que una mano, por mucha técnica, nunca te podría dar.


- El destino no te salvará la próxima vez sagutxo.- Dijo golpeándome el hombro, que se había vuelto ya una costumbre.

- Escucha, toma.- Sacó un papelito y un boli y se apuntó mi número de teléfono.- Así si a la vuelta pasamos por aquí... continuamos por donde nos quedamos.


(¿Porqué podía llevar un boli y no un puto condón en el bolso?... la vida es cruel.)

No estaba triste. Sólo hay una palabra te puede llevar al cielo y consumir la vida.

Y no era eso lo que sentía por
Haitzea.


- Bueno
ya nos veremos... Agur.

- Adiós.


De camino a mi coche me acordé de Miguelillo. También recordé que llevaba el móvil encima, aunque apagado. No me gustaba eso de que telefónica me jodiera el esperma gratuitamente.

Lo encendí y aproveché para apuntarme el número de
Haitzea mientras leía las diecisietes llamadas perdidas de Miguelillo y cuatro mensajes.

El último de hacía diez minutos.


Dirían algo así:

1º.-"tio, esttoy con la sandrag esa crrreo que le molog. Vengte y nos vamos todos a su caggsa"

2º.-"tio la sandra esa m'ha dicho que no puede dejar a su amiga sola, vente por tu padre"

3º.-" Oyes, voy a estar en el coche follándo, si vas al bar espérame ahí"

4º.-"... Puta mierda, te espero en el coche, por cierto, al tuyo le han hecho la del pulpo, ya lo verás"

(Se
podía apreciar como el alcohol iba cesando su efecto a menudo que iba pasando la noche.)


Llegué al coche. Miguelillo estaba dentro sobando. Tenía todos los cristales empañados y dudé de que estuviera acompañado.

Golpeé ligeramente el cristal y salió. Estaba solo.




Después de cagarme veinte veces en el hijo de puta que se le ocurrió que era gracioso clavar un destornillador en algunas ruedas, Miguelillo me insistió en llevar a casa.



No estaba seguro de que ya se le hubiera pasado el pedal, pero tampoco quería dormir en la calle.

Me subí a su seat ibiza rojo de catorce años.
Si el diablo te lleva al menos que sea en coche.

De camino me contó su historia. Era un claro ejemplo de "bat-factor".

El factor murciélago o bat-factor, consiste en:

La tía a la que te arrimas va con una amiga de un metro veinte, baja, gorda, depresiva e hija de puta.


En cuanto ELLA considere que te sobrepasas con la amiga o en cuanto vea que planeáis marcharos, cogerá a la amiga por banda, y en medio minuto la tuya vendrá y te dirá que se debe ir de inmediato, dejándote con cara de tonto
.


-
Tío, lo había intentado todo para que se quedase, pero la otra blocapoyas ahí jodiendo. ¿¿Tu sabes lo que es quedarse con las ganas estando tan a punto??

- Puedo hacerme una idea perfectamente, pero no le des mucha importancia.

- ¿Como que no?... ¿¿Oye tu no serás marica??

- Conduce capullo.


Somos manipulables porque el sexo se nos ha impuesto como un bien escaso, como un objetivo en si, como algo raro, extraño, COMO SI FUERA LA PANACEA DE LA FELICIDAD, el vellocino de oro.

Y hace tiempo que dejó de ser algo normal que forma parte de cada uno.


Llegué a casa y me despedí de Miguelillo.

Fui directo a la cama. Estaba tan cansado que me acosté vestido con la almohada en la cabeza por no bajar la ventana.


No tardé en sobarme. Al rato sonó el teléfono. Lo tenía en la mesita pero no lo cogí. Volvió a sonar... siguió sonando...


- ..¿Siiii?.- Contesté con voz cazallera.

- No te voy a preguntar si sigues enamorado de mi.- Dijo Princesa.- Infanticida!

- Ufff...
¿No puedes llamar dentro de 12 horas?.- Dije aún con la almohada encima de la cabeza.

- Nunca hubiera creído que empezarías a salir con una mocosa que podría ser tu hija.- Repitió indignada.- Y, además una hippy que seguro no se baña nunca.

- ¿Que payasadas estás diciendo?


Tenía ganas de apretarle el pescuezo y de echarme a reír a carcajadas. No, no era broma. ¡Me estaba haciendo una escena de celos!


- Por si quieres saberlo, en este momento te odio con toda mi alma y quisiera que te murieras.- Dijo ella sordamente.

- Parece que los sentimientos son mutuos.

-¿La quieres a esa hippy asquerosa? .- Me preguntó.- ¿La quieres más de lo que me querías a mí?

- A ti yo no creo que te haya querido nunca.- Le aseguré. Tu eras para mí lo que era para ti mi música: una enfermedad. Ahora me he curado.

- ¿Ah, sí? Pues ahora me da menos remordimiento que te hayas tenido que venir andando.- Se rió. No sabía que estuve saliendo con una psicópata.

- Superalo de una vez. Puta niñata.- Lo dije muy tranquilo. No me apetecía discutir.

Colgué y desconecté el teléfono. El de abajo estuvo sonando un largo rato, pero se oía de fondo así que pude dormir tranquilo.



(continuará)



viernes, 6 de junio de 2008

De princesas sin corona. Cap. 3.- Mi ego y yo.

Capítulo 1
Capítulo 2

Aviso: He colgado dos canciones. La primera esta en autoplay. El que quiera que las escuche.







Desde que Princesa y yo lo dejamos,las cosas mas que mejorar, parecía que se habían aliado en joderme.

Me explico.

Con Libertad tuve un mal royo hacía casi dos meses.

Culpa mía. Me enamoré.

Eso y un ego del tamaño de Tabarca, me impedía llamarla para disculparme por comportarme como un niñato.


Estábamos en su cama después de hacerlo, y en lugar de dormir, se me ocurrió cagarla preguntar qué esperaba de esto.

Los hombres nos tenemos suficiente sangre para que nos funcione al mismo tiempo el cerebro y la polla.

Pasó algo así:


- ¿Esto?.- Me contestó.- ¿Qué "esto"?

- Esto, lo nuestro .- Le dije.

Puso cara de 'Eing?'.

- He pensado.- Dije.- que después de estos 5 meses, si tu querías, podríamos plantearnos otro tipo de relación...

- ¿Y?...

- ...Y se me ocurrió que empezar a vivir juntos podría ser un buen paso.

Para mi era normal, llevaba casi 3 años viviendo con alguien. Ahora me sentía un poco solo.

- Creo que no es necesario.

- (Zas!) Si no te parece bien, o voy demasiado rápido puedes decírmelo ¿Vale? ... .-Le pregunté con una sonrisa algo fingida.

- No es eso... Es que... No se... Tengo otros planes con mi vida.

Me miró como pidiendo aprobación para decir algo que podría llegar a doler.

- Bueno, dispara.- Le dije.

- Mira. He estado pensándolo y no creo que lo nuestro valla a tener futuro... .- Dijo ella.

- Valla... pensaba que teníamos algo.- Dije yo.

Empecé a comprender por que no había dejado
aún un cepillo suyo en el baño, pese a la cantidad de veces que durmió bajo mi techo. (Y las mismas que al día siguiente utilizó el mío ¬¬ )

- A ver, ante todo, somos amigos. ¿No?.- Preguntó. Parecía una de esas preguntas con trampa. Algo que sólo sabían hacer las mujeres.

- Claro.- Respondí no muy convencido. ¿¿Trataría así de bien a todos sus amigos??

A-mi-gos... Puaj. Hubiera preferido oír que era lesbiana y yo sólo un experimento.
O que me hubieran metido un tiro.

- Y como esto ha sido muy repentino, ya que has dejado una relación recientemente, lo mismo no sabes lo que quieres o sientes realmente.-Dijo ella.

- ¿Qué significa eso exactamente?.- Pregunté.

- Pues que ahora cada uno es libre de hacer lo que quiera y me gustaría que siguiese así. No quiero arriesgarme a que esto fracase por no estar seguro y quedar hecha una mierda... La vida es tan corta.

- Osea que te has asustado. Realmente te da igual lo que sienta por ti. Prefieres pensar que si algo falla es culpa mía por haber estado con alguien antes.

- A ver, no te embales.- Dijo, y se acercó un poco más.- Siento algo por ti, si no no estaría aquí todo este tiempo. Pero no quiero complicar las cosas hasta estar segura. De momento, seguiremos siendo amigos.

- Ya, entiendo.- Mentí.

- Lo siento si te he confundido.- Dijo.- No te preocupes y disfrutemos del momento.


Hizo amago de darme un beso. Me aparté confuso.
Sentado en la cama miré nuestras ropas tiradas por el suelo.

Abrazadas. Como dedos enamorados que se entrelazan al pasear.
Como dos lenguas de fuego que se unen formado una sola llama.

No podía creer que no significase nada.


- ¿Entonces, todo este tiempo para ti ha sido sólo 'confusión'? Vale. Es eso, somos amigos y aquí no ha pasado nada.... ¿Como puedes tenerlo tan claro? - Le pregunté.

- No se lo que tengo claro aún, pero esto es lo que deseo ahora mismo.


Me levanté y comencé a vestirme.

No podía ni mirarla, me sentía avergonzado. Imbécil.


- Lo siento.- Dijo ella.- Pero no hace falta que te comas la cabeza. Piensa que así nadie se hará daño si pasase algo...

- ¡¿Algo como qué?!... Pero a ver ¿De que sirve soñar... Si al final los sueños, sueños son? .- Dije, y me marché de su casa.


No volvió a llamar. No esperé que lo hiciera.

¿Cuánto ha de envejecer un corazón para no enamorarse? Quizá ni cien mil años sean suficientes...



Dos meses después. Viernes. Me encontraba tirado en el sofá.

El gato dormía en el sillón de al lado.

Pensaba en la forma de volver a reproducirme, pues no tenía claro cual era la ultima vez que 'cené caliente' y me empezaba a notar hambriento.

"¿Y que hay de los sentimientos que sentías?", diría alguna.

Bien... dos meses.

La naturaleza sexual de un hombre no está preparada para aguantar tanto sin que, como mínimo, te saliera un tumor.

Y a no ser que fueras Ghandi, Boris, o un eunuco, había necesidades que sólo una mujer podía llevar a cabo.

Claro que seguía jodidamente enamorado de Lib pero una cosa no quitaba las ganas de hacer otra.

Ya me lo decía mi abuela 'Ríndete a la primera. No luches, no sirve para nada'.

Lo habíamos dejado físicamente, ahora hacía falta dejarlo emocionalmente.


Mientras tanto las mañanas la pasaba estudiando o explotado en algún curro basura. Las tardes podían ser iguales pero al revés.

Así que cuando tenía tiempo para descansar mataba las horas con teleseries. Como una maruja.

Triste.

La reserva de comida empezaba a escasear hacia un par de días. No había nada para picar.

Empecé a mirar los apios con otros ojos...

"- Nunca!.- Me decía.- Hay un límite que un hombre nunca debe sobrepasar"

"- Si no va en bolsa no es alimento. Es lo que nos diferencia de los anim..." (Demasiado tarde ¬¬')

Creo que la vida del soltero está muy mitificada.

¿Quién dijo que no se comía sano?

En la tele echaban
nueva temporada de Prisión Break. Me sentía como el protagonista, Michael Scoffield.

Sin planos hábilmente tatuados en la espalda. Sin contactos en el interior. Sin un plan perfectamente calculado... Sin chetos.

Pero Michael Scoffield era pro. No llevaba ni 24h en SONA, y ya tenía pensadas 2 rutas de escape. El puto amo.

Dale a play ^^

Me inspiró.


Yo también podía escapar de esta cárcel sin rejas. La Rutina.

(Y de una pelusa verde que me estaba empezando a salir por todo el cuerpo, y echaba raíces en el sofá... Liquen??!... Bueno, luego me ocuparía de eso.)

Así que decidí darle un nuevo giro al asunto (por segunda vez, y las que hiciera falta) y empezar ha aceptar que estaba soltero, no muerto.


Dejé apartada la idea de estar con alguien para sentirme vivo.La escondí en un cajón y tiré la llave.

Con el "amor" intenté hacer lo mismo, pero es como las hemorroides, hasta que desaparecen se sufre en silencio.

Pegué un salto y me puse de pie. El gato se erizó y corrió a esconderse.


- Pongo a Dios por por testigo.- Dije con el apio a modo de micro (Todo muy friki).- que nunca volveré a pasar hambre!... de ningún tipo!.



Y como no había cielo miré el horizonte de un cutre-cuadro en el que dos barquitos de vela navegaban por el mar.

Le di el ultimo bocado al apio y llamé a un colega de juergas.
Soltero experto.

No creí que me ayudase mucho a encontrar la mujer de mi vida, pero al menos era un contacto con el mundo que había empezado a olvidar.



Me arreglé algo y quedamos para salir.


Una vez allí...


- Hombre Miguelillo! ¿Qué es de tu vida chaval?.- Dije.

- Nah tio, en la carrera, como siempre. Relax.- Dijo, y soltó una risita tipo 'Jio Jio'.


Miguel cursaba octavo de informática. Una carrera de 5 años. Todo un reto para una mente que pasaba la mitad del día viendo manga. Y la otra mitad...bueno, sus granos lo delataban.

Era un tío de lo más corriente.

Nos conocimos en el instituto. En informática, como no.

Alto, moreno de pelo negro, ojos castaños, y con una pelusa bajo la barbilla que llevaba largos años intentando parecer una barba en condiciones.

A veces la teñía con el rimel de su hermana, que era como él pero en tía.

Hacía mucho tiempo que no lo veía, pero, pese a la perilla que supuse teñida de nuevo, se le notaba más maduro.

Incluso su modo de vestir era distinto. Ya no iba en chándal.

Ahora vestía una elegante camisa blanca, abierta por el cuello, mostrando su barbilampiño pecho.

Pantalones vaqueros, cinturón "G&D" (No me he equivocado, era de los chinos) y unas Nike que probablemente tenían los mismos años que nuestra amistad.

- Bueno, vamos a quemar la noche.- dijo Miguelillo muy convencido.

- Empecemos quemando una birra, estoy sediento.

- Vale, sígueme, conozco un garito que siempre está lleno de churris.

¿¿¿Churris??? Esa palabra me dejó tocado unos segundos... luego reaccioné.

Debió de usarse hacía mil años, exactamente el tiempo que cumplirían sus zapatillas en un par de días.

Aún le ataban al pasado. Supuse. De ahí la expresión.

Llegamos al primer pafeto. Ponían 'reggaetton' (o como coño se escriba).

Cuando salía con gente de clase me decían '¿Por que no te gusta? Si es música normal, no como esa juvi que escuchas'...

Yo, que se me había llegado a partir el alma al llorar oyendo a Mozart, tenía que soportar comentarios así solo por tener gustos diferentes. Triste.

Pero a veces uno tenía que sacrificarse.
Total, podíamos echar unas risas, o morir en el intento.

Até mi ego a la farola mas cercana y entré.



Era el día de la Fiesta del semáforo. Nos pusieron unas pegatinas verdes en la entrada. Como una diana para acelerar relaciones esporádicas.

Me escondí la mía debajo del cuello de la camisa.

Así no me sentía fuera del rebaño, y a la vez tampoco imbécil del todo por usar una pegatina como escusa para ligar.

Eché un vistazo. Recordé una frase.

Los amantes no son dos, si no la suma de todos sus fantasmas del pasado, la suma de todos sus miedos, todos sus fracasos puestos en fila como un desfile de fantasmas del desamor.1


...Y aquello estaba lleno de fantasmas.

- Joder cuanta 'Jenny'.- pensé en voz alta.- A que sitios mas raros me traes a piyar Miguelillo.

Y haciendo honor a un verso de J.Drexler 'Los músicos no bailamos'. Pagué mi birra y me senté en la barra.

A Miguelillo no pareció importarle. Caminó hasta el centro de la sala.
Llevó su mano izquierda, bien abierta, a la altura del pecho y la bajó lentamente con un giro, como si acariciase su ego.

Era un gesto muy metrosexual, con estilo. No podrían resistirse.


Miguelillo pensaba que tenía un don.



Yo encantado. Ya que el chaval, con su buena fe, actuaba de anti-imán para todas aquellas 'churris' que hubieran pensado acercarse aunque fuera a pedir la hora.

- Ahora vengo.- Me comentó mientras se adentraba en la masa de gente que allí perreaba.


...Y tal y como dijo, regresó, pero con 2 barbaridades a cada lado.

¿Alguien ha visto
alguna vez a una informática? ¿Y que baile requetón?


- Bien, te presento a Chana y a Sandra.

Por algún motivo recordé a las chicas del Chiqui Chiqui.

- Hola.. .- Me presenté.

Miguelillo nos arrinconó en una zona donde se podía hablar sin mucho esfuerzo.

Allí había un sillón de vaca digno de cualquier museo de lo absurdo.

Había también ronchas en el asiento de lo que quería convencerme era cocacola, beilis... o algo de esa consistencia.

Nos sentamos en parejas. A mi me tocó Chana.

La simpática.

Metro sesenta, minifalda combinada con botas deportivas... gorra al estilo rapera.

Boca grande y un aparato más grande aún, que le adornaba los piños. Como a un abeto las luces de navidad.

¿Estaba Dios gastándome una broma?


No era de los que se complicaban la vida, así que para una noche, según las copas, solo clasificaba a las mujeres de dos maneras.

Guapas o simpáticas.

Y esta proporción se iba trasladando más a la izquierda a menudo que el alcohol empezaba a surgir efecto.

Con una cerveza no era mi caso.

En cambio, en el otro extremo del cuadrilatero. Con cinco whiskys con redbull y 65kg de peso, Miguelillo estaba que echaba chispas.

Las informáticas también debían ser parientes de Bob Esponja. Es más, si buscabas en google 'Alcohol' seguramente que salían sus fotos.

Y pasó.

Miguelillo acabó enrollándose con la menos fea.

La otra me miraba con ojos ávidos. Como esperando su turno.

- ¿Qué tal?.- Me preguntó tanteando el terreno.

- Cansado, creo que me iré a dormir dentro de un rato.- Dije.

- Valla, ¿Es que te estas aburriendo? Si quieres que vallamos a otro sitio... - Si las miradas pudiesen follar, habría sido violado en ese momento.- Sólo dímelo.

- Creo que aquí se está bien.
- Desvié la conversación.- ¿Tu estás a gusto aquí, no?

- Yo ahora mucho, jijiji.- Dijo soltando una estridente risita.

- Pues quédate aquí un momentito, yo necesito fumarme un cigarro.

- Voy contigo...

- No no, si es que también quiero hacer una llamada un poco larga. En serio, que ahora mismo regreso.

- Bueno... si me dices que vuelves ahora.- Y volvió a hacer "esa mirada".

-... .-Sentí un ligero escalofrío que recorrío mi espalda como una cuchilla afilada. Me levanté y marché.

Sentí lástima. Pero luego se me pasó por la mente la graciosa imagen de un conejo.

Al alejarme aún sentía la presencia de dos ojos. Dos cuchillos en mi nuca revosantes de placer.

Me giré y ahí estaba Chana. Le sonreí y asentí mientras aceleraba el paso camino a la libertad
.

Entre el ruido de la música y la gente aún llegaba a escuchar un leve 'plasplasplasplas'.

No quiera Dios imaginar que podría ser.


En la calle desaté a mi ego y nos fuimos a dar una vuelta.

Me quité la pegatina de la 'fiesta del semáforo' y la pegué a un coche.

Recordé que Chana iba llena de pegatinas verdes por todas partes... era siniestramente bello su afán por darse a conocer soltera.

Entré a un local donde había un concierto.

Pedí una caña que bebí en la barra mientras veía tocar Rape me (de Nirvana) por primera vez a una tía... era violentamente extraño.



La cantante no estaba mal y tenía bonita voz.

No es que fuera realmente guapa, pero tenía un encanto que la hacía muy atractiva.
Tocaba la guitarra con mucho arte, puesto que en el grupo solo eran 3 y tenía que hacer las veces de guitarra solista.



Aun así el local estaba casi vacío.

Al rato
dos mujeres que merodeaban entre las mesas, se acercaron a la barra.

Una a cada lado. La rubia y la morena.

Parecían de goma por la cantidad de plástico con el que estaban hechas.

Tetas, pómulos, culo y dios sabe qué más partes de su anatomía.


Pese a eso, el tiempo es algo que no se puede esconder fácilmente, por mucha silicona que se le eche encima. Si no podrías sufrir efectos secundarios.

- Hola guapo, ¿Tienes fuego?.-
Dijo la señora rubia-tinte.

Llamémosla Pili.


- Lo siento, no fumo.




¿Se me olvidó decir que no fumaba? Que cosas tu.

Tendré que regresar con Chana y explicarle que todo era una mentira.

Pero si eso ya cuando amaneciese, no sea que le diera por venir a dormir.


- Bueno, no importa. Hay Mari, ves a ver en mi bolso si tengo el mechero, mientras le pregunto una cosa al chico.- Dijo Pili.- Bueno que solo te veo esta noche.

- ... A veces pasa.

- Ya, yo a veces también me siento sola, y necesito un hombre que me satissssfaga.


Dijo y esta vez se apoyo con los codos en la barra, mostrando el fruto de su dinero. Dos buenos, pero maduros al fin y al cabo, melones de plástico.

Hay cosas que nunca me atreveré a hacer, como probar lo máximo que tumbo con la moto o que se siente con una dosis de jaco en vena.

Y llamadme cobarde, pero tampoco entraba en mis planes liarme con una siliconera que tenia más años que 'La Tarara' (Criogenización, si!)

- Pero eso para vosotras.- La tutee.- no debería ser un gran problema.



- Ya bueno, al final nunca te mueres de hambre, pero a veces pasa como tu ahora, que estas aquí solo... .- dijo Pilingui.

- ¿Quieres dejar de estarlo nene?.- Comentó
de sopetón la tal Mari que volvía con el bolso, tal vez de echarse más botox en el aseo.


Parecían clones con diferente peluca.


- ¡No!.

- ... .- Me miraban amenazadoramente. Calculando mi próximo movimiento.

- Gracias pero es que... ¡Mi novia es la que canta!.- Dije, y le lancé un beso. Casualmente me respondió con otro.- No creo que le siente bien que me valla con dos señoritas y la deje ahí, a la pobre.

- Ahhh, que majo... .- Dijo Pili, y puso cara de asco.- Bueno, nosotras nos vamos a otra parte, que esto
ya está más muerto que el coño de Santa Teresa.


Se fueron entre diabólicas risas.

Al poco terminó el concierto. Los músicos empezaban a recoger. Me levanté y me fui yo también.

Saliendo noté que alguien me avisaba.


- ¡Espera! .- Dijo una chica, que venía corriendo.- ¿Te conozco de algo?





(Continuará)


P.D:

Gracias a Sara por pasarme la primera foto! ^^ Que Dios te lo pague con muchos hijos calvos!!









Cada vez que entras en mi blog, una niña recibe un balonazo...

niña ostion Que penica madre!!
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