martes, 19 de mayo de 2009

Antro bares




Antro-Bar, o  Gremlin-bar (pasada la media noche empieza a mutar) 




Pero esa noche mi ángel de la guarda debía tener el día libre, y entramos a ese local.

Era un lugar donde por la mañana van parejas a tomar una copa, y por la noche va gente con 1500 euros en el bolsillo. Una bolsa de coca. Y una pistola.

La música ambiente era pegajosa. Al igual que la tenue luz rojiza de un par de lámparas.

Daba un aire infernal a aquel antro.


De día se entraba por la puerta normal. 

De noche se accedía por una persiana medio bajada que un segurata de paisano y grande como un mastodonte, se encargaba de subir o bajar lo suficiente para permitir el paso a gente con suficiente pasta y que no parecía la secreta.

Sin Franky tal vez nunca hubiera siquiera conocido ese lugar.


Una mesa de billar en el fondo y sillones plastificados repartidos por todo el espacio con sus respectivas mesitas eran todo el mobiliario. 

La barra estaba a la izquierda de la entrada y entre las sobras sobrevivían lo más bajo de la sociedad, todos en su tema. 

Observaba como se impregnaban las entrañas de cocaína en la barra y el camarero sin inmutarse se limitaba a limpiar las copas con una balleta.

Todos los días a las 8 de la mañana la policía montaba una redada. Y los "habituales" a las 7.30 ya escondía el material en un mismo sitio.

Otros simplemente lo tiraban al suelo. Tierra de nadie. Culpa de nadie.

Pero para esa hora los grandes negocios ya se había zanjado y los boss estaban en sus respectivas suites bien acompañados.


- Ahora vuelvo.- Me dijo Franky sin darme tiempo a preguntar.- Pídete algo de mi parte.- Me hizo un guiño y se dió la vuelta, desapareciendo en la oscuridad.


Así que me senté en la barra al lado de un tipo con traje caro que parecía a punto de derrumbarse sobre la barra mientras miraba su vaso de alcohol.

Tenía los ojos inflados. Llorosos. El tabique blanco. Y parecía no saber bien donde se encontraba.

Pedí un whisky. 30 euros.

- Em... Soy amigo de Franky.- Dije sin mucha convicción.

- Esta bien. Aquí tiene señor.

- Cuanto le debo?

- Nada señor. Que lo disfrute.


Me senté en la barra confundido pero sin mucha diversión. Limitandome a mirar y pensando en la cantidad de dinero que habría gastado mi colega para que las copas le salieran gratis incluso a sus amigos.

Tal vez ms de lo que nunca llegaré a ganar.

No le envidiaba. Al menos aún me quedaba alma. Pero si seguía saliendo con él cada noche tendría que dejarla en casa para no perderla.

En dos semanas ya conocía casi todos los antros de Alicante.

No estaba orgulloso pero era curioso.

Al fondo habían tipos que hablaban de negocios. Todos llevaban la culata de la pistola a la vista como advertencía general: 

"Don't fuck with me". 

Parecían del este de europa.

Al cabo de un rato se subió la persiana y entró un grupo de unas 8 personas. Luego 4 mujeres perfectas. Me fijé especialmente en una mujer que llevaba un vestido rojo.

Era preciosa. Brasileña. Debía tener unos 24 o 25 años. Llevaba un vestido rojo ceñido y unos tacones de plataforma metálicos y altos como la Torre Eifel.

Sus tres amigas también iban igual de arregladas.

Se pusieron en los sofás del fondo. Las chicas se repartieron.


Ella parecía la "acompañante" del tipo viejo. 

Era calvo e iba vestido con americana blanca y gafas de sol anchas con bordes dorados. Tal vez el boss.

Puso un brazo alrededor del cuello de la chica. Y le arrimó una bandejita de plata a la cara.

Ella procedió sin rechistar. Luego él acabó la faena y continuó hablando con sus compañeros.

Yo no dejé de mirar hacía donde estaban hasta que algo me distrajo:


- Ni se te ocurra.- Susurró alguien en mi espalda.

Noté algo duro apuntandome entre los homóplatos.


Empecé a sudar.

El tiempo parece pasar más lento cuando estás a punto de morir y haces cosas inesperadas. Como quedarte quieto. O al menos cuando sabes que firmas un contrato vitalicio con la muerte como era estar allí. 


Me imaginaba al camarero tranquilamente limpiando la sangre de la barra con su balleta despúes de haberme arrojado a un contenedor junto con botellas vacías. "Su contenedor. Señor"

¡¿Qué cojones pasaba en ese sitio?!
 

Ironias de Dios que es un cabrón y me odia.

De pronto estás aburrido sin plan y Dios te ofrece bajar al infierno unos segundos. 

Y cuando llegas y piensas que no hay nada bello que poder encontrar... Zas!

Tu propia incredulidad te da una patada en los morros.


Y allí estaba ella. Jodida y radiante con su vestido rojo.

Como un bonito lazo de regalo. 

Sólo que el regalo era un escorpión negro venenoso.


- ...No la vuelvas a mirar.- Me dijo.

- Pero... Si... sólo le... le...le hehechadounvistazonadamás.- Dije de carrerilla por los nervios.


Me dió un ligero collejón con un "Girate anda!" y me giré.

Reconocí esa media sonrisa. (En el otro lado siempre pendía un cigarro a punto de consumirse).

Era el Jimmie. Un amigo de Franky al que había conocido hace un tiempo en un antro-bar. Tenía buena relación con él. 

Parecía un tipo sensato con el que se podía hablar de casi todo. Y yo creo que le caía bien a pesar de haberle desplumado al poker a él y a Franky hacía casi un mes.

Siempre pensé que hay que tener amigos hasta en el infierno.


- Mira chaval. Ahora por que vas con Franky y no te va a pasar nada. Pero estos tíos luego te fichan... y Pumm!

Hubo un silencio y el Jimmie dedujo que no sabía a lo que me refería. 

¡Joder era solo un puto vistazo!

- ... Comprendelo. A ningún ruso borracho le gusta pagar por compañía y que otros miren su mercancía... Capisci?

- ...Capito.- Dije, suponiendo que esa era la respuesta que buscaba. Pidió una copa y esperámos a que llegase Franky.

Lo más curioso (Por que allí todo era cuanto menos "sospechoso") fue cuando se me ocurrió preguntarle al camarero viejo si allí se podían fumar porros y me contestó muy seriamente:

- El dueño no permite drogas... blandas.

Supongo que se estaría quedando conmigo puesto que la barra parecía el parque de arena infantil que hay en mi barrio, pero no quise atreverme a comprobarlo visto lo visto.


Cerca de las 7.50 salimos de allí los tres. A lo lejos un par de coches patrullas se acercaban en nuestra dirección. Franky se adelantó con la chica brasileña, que supuse, había pagado religiosamente. No hice preguntas, pero Jimmie intuyó mis nuevas dudas.

Me paró un momento antes de despedirse de mi:


- Bueno chaval... ya has visto como son estos sitios. Ahora vete y como vuelva a verte por aquí... te mato.

Dijo el "te mato" clavandome duramente el dedo en un pectoral. Como un punto y final definitivo. Una advertencia.

Supongo que se estaría quedando conmigo... Pero ya había aprendido la lección.



Aún a día de hoy me sigo haciendo la misma pregunta... 

¿Who the fuck is Franky Molotov?

.

No hay comentarios:

Cada vez que entras en mi blog, una niña recibe un balonazo...

niña ostion Que penica madre!!