lunes, 21 de julio de 2008

De cuando me hice gato.


(Cuando me enfadaba me transformaba en superguerrero)




Esa noche no podía dormir. Parecía que el colacao que me había tomado en el desayuno llevara algún tipo de anfeta que duraba horas.

Salí al patio.

La noche dejaba una temperatura agradable en el ambiente.

Miré las estrellas o lo poco que se dejaban ver entre mágicas nubes rojizas de contaminación lumínica alicantina.

Observé también que las luces de todos mis vecinos estaban apagadas. Era tarde ya.

La única luz que estaba encendida ahora era la del cuarto de mi nueva vecina... valla pues no, ella también acababa de apagar la luz para irse al sobre.

Se habían mudado aquí hacia un par de semanas y yo solo la había visto un par de veces en la calle.

¿Cómo se llamaría? Era rubia de ojos azules con
pelo ondulado, mechas castañas y un poco más baja que yo.

Su moreno exótico de piel me hacía dudar de su procedencia.

A veces llevaba unas gafas de pasta blanca de diseño que no me gustaban nada, ya que hacían de su cara un retrato surrealista al más puro estilo Picasso.


Sin pensármelo mucho, me transformé en gato y me fui por los tejados, como diría Sabina.

Eso estaba mejor, siendo un gato la vida se veía con otros ojos. Y aunque tenia el cuerpo lleno de pelo negro gatuno, no hacía tanto calor como podía pensarse.


De un simple salto me subí y caminé con un equilibrio magistral e innato por la estrechez de la valla que separa mi casa de todas las demás.

Jugué a cazar grillos en el jardín del vecino, me peleé y acabé rodando con la pelota de tenis de su hijo y bueno también les dejé algún regalito encima del césped.

Luego fui saltando de casa en casa hasta llegar a una que tenía el árbol más grande de todo el vecindario.

Algunas noches me había quedado dormido en sus apacibles ramas. Otra casi me caigo intentando cazar murciélagos. Era un buen lugar.




Saqué las uñas y empecé a escalarlo sin ninguna dificultad ya que los "pies de gato" venían de serie. Cuando llegué a la rama mas alta me senté y contemplé el horizonte.

El cielo estaba empezando a despejar, y ya se podía al menos divisar partes de la luna. Ahí arriba no llegaba apenas el ruido del mundo. Como si de otro planeta se tratara.

Pero justo cuando me estaba sobando apareció de la nada:


- Valla, ¿así que aquí es donde desapareces cada vez que apagas la luz de tu cuarto?

- Todos tenemos secretos. ¿Quien eres?.- Le pregunté a una gata blanca con mucho pelo que acababa de aparecer. Tenía los ojos azules más bonitos que había visto en mi vida.

- No podía dormir y te vi escalando a este árbol desde mi ventana, así que decidí seguirte, soy nueva en esta zona.

- Pero... ¿Tu eres gata o persona?

- ¿No nos conocemos y ya quieres ligar conmigo?.- Me preguntó la gata blanca.


Reconozco cuando hablo con un gato porque son más desconfiados que las personas, aunque a veces me confundo. Hay gente que es tan desconfiada que no otorga confianza alguna y sólo me cabe pensar que es gato.

En esta ocasión no tenía ni puta idea.



- Al menos dime tu nombre... -Le dije.

- No gatito, esa me la guardo para la próxima vez que nos veamos, así ya tienes una excusa para hablar conmigo.- Me contestó la gata blanca.

- Miau?

- Lo dicho. Búscame la próxima noche en las ramas de este árbol y te lo diré.


A la mañana siguiente no podía dejar de pensar en lo que había pasado con la gata blanca.

¿Quien era? No conocía a nadie así. Y se de sobra que la personalidad cuando te vuelves gato es la misma que la que tenías.


Al día siguiente esperé que oscureciese y otra vez volver a subir a sus ramas...

La noche estaba despejada de nubes y la luna brillaba en todo su esplendor.

Me relamí los bigotes lo mejor que pude, así como otras partes de mi anatomía gatuna. Quería causarle buena impresión.

Allí se encontraba de nuevo, mirando a la luna.

Estuvimos hablando de todas las ventajas de ser gato tanto para el estrés de la vida diaria como para la facilidad de comer sin mover un puto dedo. Me contó que un día, cuando viviese sola, se haría gata para siempre.


- Así que al fin y al cabo eres persona.- Le dije.

- Si, ¿Tu también no?

- Claro, ¿En que te diste cuenta?

- Hombre, no hay muchos gatos que lleven una púa de guitarra en el collar.- Me contestó.- Mira, yo esta semana estoy de viaje con mis padres, así que te voy a dejar una pista de mi nombre.

- No seas perra y dímelo entero jodía.- Le dije.

- Lo siento, me hace gracia hacerte sufrir. Bueno, n
os vemos. MiaoO.- Me lamió la mejilla gatuna y bajó.

Yo me quedé un rato obnubilado

- Vale, ¿Y que pista era...?

- Letra "E".- Dijo mientras bajaba. Y me quedé allí, colgado de una rama y también de ella. Ronroneando solo. Pero feliz.


Esa semana hice una lista con todos los nombres posibles que se me iban ocurriendo. La tiré porque no me solucionaba nada.

Y como tenía que currar y estaba cansado, no me transformé en gato hasta que llegó el día en que ella había dicho que estaría aquí de vuelta.

Me dirigí contento dando saltitos hacía el árbol donde cada noche nos reuníamos pero...

...Lo habían talado!!


Al parecer el dueño tenía problemas porque sus centenarias raíces, perforaban las cañerías del agua y pensó que lo mejor era acabar con el árbol más viejo de toda la comarca.

Si en lugar de gato pudiera haberme transformado en Oso me lo hubiera zampado por la mañana de camino a su fabuloso mercedes kompressor.


Estuve esperando por los alrededores toda la noche. A veces olisqueaba el viento en busca de ella pero no aparecia.

Los rayos del amanecer me despertaron dormido encima de la gran base del árbol talado.

Esa noche había soñado con arboles talados que gritaban de dolor mientras me perseguían señalándome y diciendo: 'Por tu cuuulpa'


Me fui a la cama antes de que mis padres se levantasen, cual borracho soltero en nochevieja. Triste y solo.

Como cada vez que volvía a ser humano, me tocaba lavarme a conciencia la boca, que casi siempre estaba llena de pelo y olor a sardina.

No todo iban a ser ventajas.


Al mediodía mi padre en la comida nos contaba que, al ir a trabajar por la mañana, el vecino estaba sacando el coche con cara de perro por que "algún gracioso hijo de la gran puta" se lo había arañado entero con un tenedorcillo o algo.

Recordaba en ese momento porque me costó esta mañana subir la valla de mi casa.


A la siguiente noche, sentado mirando el ir y venir del agua de la piscina pesé un par de veces pensé en lanzarme. Estaba hundido en vida.

Vagué por todos los tejados en su busca. Tampoco apareció. Ni tampoco a la noche siguiente, ni ninguna de las restantes.

Al poco tiempo los vecinos nuevos se volvieron a mudar. Lástima, parecían majos.

Yo seguí con mi vida.

Algunas noches coqueteaba con otras gatas, otras peleaba con pelusas hasta el amanecer. Pero siempre perdido en la amargura de la soledad.

Llegué a engancharme una temporada a la Nébeda ya que tenía un antiguo amigo gato que lo probó y me dijo que no pasaba nada...

Hasta que empecé a perder a mis verdaderos amigos y mis padres se empezaron a plantear llevarme a un médico psiquiatra cuando llegaba de madrugada dando tumbos y con la boca llena de pelos.


"Qué miráis, hijos de puta?" les decía a mis amistades gatunas cuando me veían pasar las noches cazando ratones imaginarios.


Pero lo que no consiguió la presión social, lo hizo una carta. Una simple hoja de papel que había sacado del buzón a eso de media mañana.

En el folio ponía un nombre.

Y el nombre decía...:

"Eva"

P.D: Lo siento, estuve ocupada.



Falsas esperanzas?... No quería creer lo que quería sentir. Arrugué la carta, y la tiré a la basura.

Pasaron las semanas. Meses... y un año después
, saliendo por la puerta de mi casa, con el casco en una mano y las llaves de la moto en la otra:


- Hola.
.. ¿Tu eresAdri?

- Pues según para quien lo pregunte.- Dije, y el corazón me dio un tumbo.


Era una chica algo más bajita que yo. Ojos azules.
De unos veinte y muy pocos. Con pelo ondulado, rubia y mechas castañas. Llevaba colgada del cuello unas gafas horribles.








3 comentarios:

Anónimo dijo...

Caxis, me esperaba otro final. Que el tio se hubiera tranformado en gato para siempre con la otra o algo.

Fede

P.D:

A ver si te las curras un poquito ¬¬' que con eso del relleno... ejem

Anónimo dijo...

Pues a mi me ha recordado a Fruits basquet por lo dq te transformes en gato

Tu gato es moniiiiiisisisisimo ^^ (no se parece al dueño jjajaja)

Cris

la niña destronada dijo...

^^


pd: que sepas que no te mereces ni un misero comentario, jodio rancio ¬¬

Cada vez que entras en mi blog, una niña recibe un balonazo...

niña ostion Que penica madre!!