miércoles, 23 de abril de 2008

Vaso medio vacío. (1ª parte)







6a.m.

Sonó el despertador.

Se dedicó a maldecir el mundo al pie de la cama diez minutos más y luego de una ducha, se vistió apresuradamente.

Aquélla mañana salió de casa, con dos ojeras por sonrisa, y el maletín bajo el brazo.




Una escoba por el culo hacía de él, Él.

Se dirigía a su ratonera, como tantos otros, a pelearse por trocitos de una mierda que estaba por todas partes.

Su vida se centraba en sobrevivir, más que en vivir.

Aún así Él se sentía único. Y sobretodo, importante.

A veces pensaba que ese iba a ser un día diferente, y que su vida podría cambiar.

Cogió el tren en el último segundo, y el olor de la esperanza fue sustituido por una mezcla de aromas: café, tabaco, sobacos, y perfume barato de putón verbenero.


Nunca imaginó otra vida que no fuera esa.

Trabajo-casa- trabajo en casa-más trabajo-casa y si sobraba tiempo, darle de comer a su escuálido gato, antaño hermoso animal con ligero sobrepeso.

Intentaba comprender como podía haber gente que fuera feliz.

Conocía a personas del mundo de afuera.
Hablaba con ellos por el chat algunas noches antes de acostarse.

Él era muy metódico. Su conclusión fue que vivían conforme a una regla:

50% trabajo - 50% ocio

Aunque no estaba seguro, también habían variantes en las que la palabra trabajo no aparecía en ningún porcentaje, y eso era algo para el señor Don Él que rozaba incluso los límites del matemático Principio de Incertidumbre o La relatividad Cuántica.

No entendía.


El tren llegó a su destino.

En cuanto entró a su despacho
dejó de pensar, abrió su maletín y sacó su palita de recoger mierda.

Era uno más.











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Cada vez que entras en mi blog, una niña recibe un balonazo...

niña ostion Que penica madre!!